HISTORIA | Silencio por Don Patricio

En febrero de 1959, antes de un partido amistoso contra el Alavés, se le rindió el último tributo en Heliópolis a Míster O'Connell, el entrenador que ganó la Liga de 1935

Por Manolo Rodríguez


El jueves 26 de febrero de 1959 jugó el Alavés en el campo del Betis. Un partido amistoso entre semana de los que eran muy comunes en aquella época. Los vitorianos, entonces en Segunda, iban camino de Cádiz para enfrentarse al domingo siguiente al equipo amarillo en una eliminatoria de Copa y el encuentro concertado en Heliópolis les aliviaba de los gastos que siempre comportaba un desplazamiento tan largo.


El Betis, en esas fechas, andaba muy bien. Era la temporada del retorno a la máxima categoría tras quince años de ausencia y los verdiblancos marchaban cuartos en la tabla clasificatoria cuando la competición entraba en su recta final. Acababan de ganarle por la mínima al Osasuna y eso realzó aún más el amistoso contra el Alavés. 


Respondió el público en las taquillas y las localidades para los socios tuvieron un precio de 10 pesetas. En la entrada del partido figuraba la foto de Portu, uno de los 6 futbolistas que jugó con el Real Betis en las tres categorías del fútbol español, pero el único que siempre fue escalando categorías con la camiseta verdiblanca. El bravo defensa que podía contar que, sólo él, vivió los ascensos de 1954 a Segunda y de 1958 a Primera.


Como datos de interés, conviene destacar que al CD Alavés lo entrenaba Rafael Iriondo, el técnico vasco que haría al Betis campeón de Copa en 1977, y que en el conjunto vitoriano se alineaba como extremo izquierdo Elías Querejeta, quien años más tarde llegaría a convertirse en uno de los grandes nombres del cine español durante el último cuarto del siglo XX.


Así venía el amistoso contra el Alavés, pero todo saltó por los aires en la víspera, el miércoles 25 de febrero de 1959, cuando se conoció la noticia de que había fallecido en Londres Patricio O'Connell, uno de los nombres sagrados del Betis de todas las épocas. El Míster que condujo a la victoria a los mitológicos campeones de Liga de 1935.


El suceso conmocionó a la ciudad verdiblanca. La bandera de la secretaría amaneció ondeando a media asta y, según refieren las crónicas de la época, la puerta del domicilio social en la calle Mateos Gago estuvo entornada durante todo el día. 


Sólo se hablaba de lo mismo con un tono de pesadumbre sobrecogedor. O'Connell era, y había sido, mucho más que un entrenador al uso. Los béticos lo consideraban como algo suyo, un patrimonio del club, a pesar de que hubiera dirigido a otros varios equipos (entre ellos al eterno rival) y de que llevara ya algunos años lejos de la ciudad y de la Tertulia Bética donde tan feliz fue.


El diario ABC de Sevilla anunció la noticia en su edición del 26 de febrero con las siguientes palabras: "El Míster ha muerto. En nuestra latitud futbolística eso de decir "El Míster" ya entrañaba un nombre, un apellido, el de un hombre bueno y a la vez famoso: Patricio O'Connell".


Y concluyó diciendo: "Nunca hubiera querido marcharse de Sevilla. Se fue por una razón bien sencilla: porque había agotado todas sus reservas dinerarias. Callada, silenciosamente. Y ayer, murió en Londres entre nieblas y soñando, no con el Támesis, sino con el Betis?"

Patrick Joseph O´Connell había nacido en el condado irlandés de Westmeath el 8 de marzo de 1887. Su primer equipo fue el Liffey Wanderers y tras su paso por el Belfast Celtic llegó al fútbol inglés en 1909 para jugar primero en el Sheffield Wednesday y después en el Hull.

Internacional con Irlanda, su gran momento sobrevino en 1914 cuando lo fichó por mil libras el Manchester United. El primer irlandés que jugaba en Old Trafford. Allí fue leyenda. Pero como a tantos otros, lo atropelló la I Gran Guerra. Cerró su etapa como futbolista e inició la de entrenador en el modesto Ashington, el equipo titular de un pueblo minero. No vio futuro y un día cogió un tren con destino a España.

Se instala en Santander, donde hereda el legado de Fred Pentland (el primer entrenador mediático del fútbol español) y lleva al Racing a la cúspide. Después viene el Betis. Lo ficha en 1932 el presidente Mantecón y debuta con los verdiblancos en Primera. Todo un acontecimiento.


Exigente e innovador 


Desde entonces, es como del paisaje. Vive en el barrio del Porvenir, al lado mismo del campo del Patronato, y revoluciona el fútbol de la ciudad por sus métodos y su cercanía. En un brillante trabajo publicado en la revista digital Contexto y Acción, el periodista Toni Cruz refiere que: "Sus entrenamientos resultaban exigentes e innovadores, pero cuando terminaba el trabajo se preocupaba por parecer uno más de la plantilla. De hecho, en un tiempo en el que los técnicos solían presenciar los entrenamientos sentados, fumando y con chaqueta y pantalón, O´Connell se ponía para entrenar un jersey y un pantalón corto y sudaba entre gritos y patadas".


El Betis gana la Liga en 1935 y Patrick O´Connell ya es Don Patricio o, sencillamente, "El Míster". Un grande. Lleva años siendo asiduo de la Tertulia Bética de la calle Velázquez y los aficionados lo convierten en un símbolo del balompedismo. El diario ABC de Sevilla lo define del siguiente modo: "Serio aparentemente, humorista como buen irlandés, enraizó de tal forma en nuestra tierra que de aquí no quería irse ni a tres tirones. Humor y póker, simpatía y gracia, eran los canales de su vida social".


En el verano de 1935, en la cresta de la ola, se va al Barcelona. Un año más tarde estalla la Guerra Civil y el mundo se pone del revés. Tras no pocas penurias, rescinde su contrato en Can Barça en 1940 y retorna al Betis, al que asciende en el 42. A continuación, se compromete con el Sevilla, donde permanecerá tres temporadas, las dos primeras muy exitosas. 


Pero él es bético y de este modo lo percibe la ciudad. Sigue acudiendo a la Tertulia Bética y se rodea de los aficionados que acuden a Heliópolis. Así lo expresa el diario ABC de Sevilla, tras su fallecimiento, cuando escribe: "Aun cuando O´Connell llegara a entrenar en algún momento al Sevilla - ¡los disgustos que tuvo que aguantar Ramón Sánchez Pizjuán por aquello! - la verdad es que el Míster estaba formal y popularmente encuadrado entre el balompedismo". 


Vuelve a la casa común de los béticos en 1946, pero para entonces el club ya tiene un pie en el abismo. No puede evitar el descenso a Tercera y ni siquiera se sienta en el banquillo en la última jornada en Santander. Es cesado días antes y el destino le evita el inmenso dolor de asistir al momento más cruel de la entidad justo en el mismo campo donde alcanzó la gloria eterna.


Cierra su etapa como entrenador precisamente en el Racing y el 5 de septiembre de 1954 recibe el generoso homenaje del beticismo en Heliópolis. Un domingo soleado y espléndido en el que el estadio municipal estrena su ampliada tribuna de Gol Norte y su reorganizada Preferencia. Las innovaciones más destacadas tras el ascenso a Segunda.


Con el campo lleno, el Míster apareció por última vez ante los béticos a las seis menos cuarto de la tarde de aquel domingo. Y así de emotivo fue el arranque de la crónica del diario ABC de Sevilla: 


"Con su sombrero "Torino" en la mano, como el torero famoso que agita su montera en tarde de despedida ante el público, al que entusiasmó cortando orejas, Patricio O´Connell irrumpió sobre la verde pradera de Heliópolis. Junto a él iban directivos de la sociedad realista, los capitanes de los equipos, los jueces y los preparadores, festoneados por los fotógrafos. El Míster pasó revista a los dos equipos, estrechó la mano uno por uno de los atletas, se fotografió en medio de ovaciones y acabó retirándose al palco presidencial agitando su "Torino", que arrancaba salvas de aplausos".


El Betis se enfrentó en aquel partido a una selección andaluza y ganó por 2-0. Pero lo más trascendente fueron el cariño y los miles de duros que Don Patricio recibió de los béticos y de otros clubes y entidades del fútbol andaluz, con una destacada aportación del eterno rival.


Un año largo más tarde marchó a Londres. Arruinado y solo estuvo viviendo en un ático en casa de su hermano. Murió de una neumonía en febrero de 1959 y fue enterrado en un cementerio en Kensal Road (norte de Londres) en una tumba en la que no figura su nombre.


En Sevilla se conoció su muerte el mismo día que el Alavés jugaba un partido amistoso en Heliópolis. Los jugadores del Real Betis saltaron al campo con brazaletes negros y el estadio guardó un imponente minuto de silencio. El que merecía Don Patricio.


Un nombre de culto en el universo bético, cuyo recuerdo sigue muy presente en el imponente Benito Villamarín del presente. Ese que tanto le hubiera gustado conocer. Donde se halla custodiado por la historia el busto (escultura en mármol verde de Connemara) que le regalara al Real Betis el Patrick O'Connell Memorial Fund, colectivo impulsado por numerosos aficionados irlandeses e ingleses que tienen como pretensión recuperar la memoria del entrenador campeón de Liga de 1935.


Fue en 2018 cuando el presidente Ángel Haro recibió ese delicado presente en el que Don Patricio aparece ataviado con su habitual sombrero "Torino". El nieto del técnico, Michael O'Connell, y su mujer, Sue, biógrafa del entrenador verdiblanco, encabezaron la representación del POCMF, junto a la parlamentaria irlandesa Maureen O'Sullivan, además de diferentes aficionados béticos de Irlanda, Inglaterra y Escocia. 


Posteriormente, también le ha sido entregado al Real Betis un retrato de O'Connell. Una pintura sobre pizarra de Manchester que es obra del artista mancuniano Tony Denton y que también forma parte ya de los fondos históricos del Real Betis.

La memoria, en suma, de un hombre único. Un mito por el que guardó silencio el estadio de Heliópolis un jueves de febrero de 1959. Antes de que comenzara un partido amistoso contra el Alavés.