HISTORIA / Eusebio Ríos, Portugalete y Heliópolis

Por Manolo Rodríguez

 

La localidad vizcaína de Portugalete, en la margen izquierda de la ría de Bilbao, siempre ha estado en los libros de historia del Real Betis, a pesar de hallarse a casi 900 kilómetros del sentimiento bético de la vida.

 

Uno de esos extraños cruces de camino que sólo pueden comprender los corazones béticos y que encuentra su razón de ser en el hecho extraordinario de que allí naciera, y muriera, Eusebio Ríos Fernández, un grande indiscutible en la leyenda verdiblanca.

 

Una figura mitológica que en Heliópolis lo fue todo: jugador colosal, internacional con España, entrenador, director deportivo en los mejores años de la década de los 90 y, además, padre de futbolista (Roberto Ríos) que también llegó a vestir la camiseta de la selección siendo jugador del Real Betis. Un nombre superlativo en la memoria bética.

 

Eusebio Ríos, nacido el 30 de marzo de 1935, llegó a Sevilla un caluroso 4 de septiembre de 1958, procedente del Indauchu. Apenas pisar la vieja secretaría de la calle Alemanes dijo que siempre había tenido el presentimiento de que vendría a jugar en el Betis y se definió como un defensa fuerte que no eludía el choque, con sentido de la colocación y buen salto de cabeza.

 

Dos semanas después, el 21 de septiembre, debutó con el camisolín verdiblanco y aquel estreno quedó marcado para siempre con un profundo simbolismo, ya que se produjo en el Sánchez Pizjuán, en aquel memorable partido que sirvió para inaugurar en competición oficial el estadio de Nervión y en el que el Real Betis se impuso por 2-4 al eterno rival, con goles de Luis del Sol, Esteban Areta y un doblete de Kuszmann. Esa tarde en la que Benito Villamarín le pagó a cada futbolista 27.000 pesetas de prima que, según confesó siempre Eusebio Ríos, era la misma cantidad que ganaba en el Indauchu en toda una temporada.

 

A partir de ese día de gloria, militó durante 10 temporadas en la entidad verdiblanca, donde se erigió en el gran capitán de la década de los 60. Aquel campesino vasco, como él gustaba llamarse, que nunca jamás defraudó a todos aquellos que lo vieron defender la camiseta verdiblanca en el vetusto Heliópolis.

 

Un tiempo en el que vivió circunstancias tan importantes como la consolidación del club en Primera División, los mejores años de la presidencia de Benito Villamarín, la consecución del Carranza del 64, el debut del Real Betis en competiciones europeas, la eliminatoria ganada al Real Madrid campeón de Europa en la Copa de 1966 o la promoción de ascenso contra el Granada en 1967.

 

Defensa central formidable, jefe indiscutido de la zaga y del vestuario, vistió la camiseta nacional el domingo 15 de noviembre de 1964, en Oporto, en un encuentro amistoso que enfrentó a Portugal y España, con victoria lusa por 2-1.

 

En agosto de 1967, el Real Betis le tributó un cálido partido de homenaje en el que los verdiblancos se midieron al equipo argentino de Estudiantes de la Plata, que en esos momentos ya se preparaba para ser campeón intercontinental. Con ocasión de ese homenaje le fue impuesta en el centro del campo la Medalla al Mérito Deportivo.

 

Dejó el fútbol activo en 1968, aunque cumplió en el Betis otras misiones técnicas hasta que en 1972 inició su carrera como entrenador, la que le llevó a destinos tan exitosos como Baracaldo, Jaén, Huelva, Valladolid, Murcia y Coruña.

 

Durante las 10 temporadas que defendió la camiseta verdiblanca, Eusebio Ríos disputó 266 partidos oficiales (218 de Liga; 44 de Copa; 2 de la Copa de Ferias y 1 de la Promoción de ascenso a Primera División), marcando 4 goles.

 

Tres lustros más tarde, el 11 de marzo de 1988 volvió al Real Betis, esta vez como entrenador, aunque por mor de las reglamentaciones federativas no pudiera sentarse en el banquillo hasta que la campaña concluyera, puesto que había comenzado la temporada como técnico del Deportivo de la Coruña y eso le impedía trabajar oficialmente en dos equipos en un mismo curso.

 

Inició la siguiente, la 1988-89, aunque las cosas se torcieron desde muy pronto. Fue cesado, pero mediada la década de los 90 volvió a la disciplina verdiblanca como director deportivo, formando un tándem extraordinario con el entrenador Lorenzo Serra, que llevó al equipo a alcanzar cotas importantísimas en aquellos magníficos años que incluyeron la final de Copa de 1997 y la presencia bética en las competiciones europeas.

 

En 1997 abandonó la entidad para integrarse en el staff técnico del Athletic Club de Bilbao y para estar cerca de su casa y de su hijo Roberto, que ese mismo verano había sido traspasado al club de San Mamés, y que ya había debutado como internacional el 9 de octubre de 1996 en Praga.  

 

Un dato este último de una extraordinaria dimensión, ya que la titularidad de Roberto Ríos en la selección española significó que por primera y única vez en la historia del Real Betis se produjera la insólita circunstancia de que un padre y un hijo hubieran vestido la camiseta nacional.

 

Algo que sólo ha ocurrido en unos pocos casos más en el fútbol español (Manolo Sanchis, padre e hijo; "Herrerita" y Chus Alonso; "Marquitos" y Marcos Alonso; "Gaztelu" y Agustín Aranzábal; "Perico" y Xavi Alonso y Miguel y Pepe Reina), con el añadido de que los Ríos debutaron en la selección siendo jugadores del mismo equipo, en este caso del Real Betis, similitud que sólo tuvo parangón en los casos de los Sanchís (ambos en el Real Madrid), de los Aranzábal (jugadores de la Real Sociedad), y de "Perico" y Xavi Alonso, futbolistas igualmente de la Real Sociedad cuando accedieron a la internacionalidad.

 

Eusebio Ríos siempre estará en el recuerdo de los béticos. Por sus méritos como futbolista y por su grandeza como persona. Y por la hombría y el carácter que ya en los años 60 destacaba en el vespertino "Sevilla" el periodista Emilio Vara al escribir que: "Los que venimos siguiendo paso a paso las actuaciones de Ríos desde que ingresó en el Betis, sabemos positivamente que es uno de los mejores defensas centrales que hay en España. Le hemos visto partidos magníficos en los que triunfó plenamente por su gran colocación en el campo, por su seguridad en el corte, por su decisión, por su entrega total, por su hombría". En suma, todos los valores que le otorgaron un lugar preferente en la mitología bética.

Eusebio Ríos Fernández falleció dolorosamente el 10 de mayo de 2008 cuando volvía de recibir un homenaje que le habían tributado los que fueron sus jugadores en el Baracaldo. Un infarto fulminante apagó aquel corazón verdiblanco y en su féretro viajó con él la camiseta del Real Betis que introdujo su hijo Roberto.

 

Dos días después, el periodista sevillano Alberto García Reyes lo llamó "Bilbaíno de Heliópolis" en el diario ABC. Desde entonces, sus cenizas nunca se apartan de Portugalete y Heliópolis, sus dos patrias.

 

Por eso, será tan emocionante vivir este sábado el abrazo entre la margen izquierda de la ría de Bilbao y la calidez del Sur que siempre acompaña al Real Betis.

 

Y, sobre todo, será un honor dedicarle este duelo copero que no tiene antecedentes a la figura inabarcable de Eusebio Ríos.